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martes, 22 de febrero de 2011

Eso también es morir.

No quedan palabras, dentro del abismo que dejaste.
Se quebraron una a una las consonante de este amarte.
Se estremecieron los cuatro vientos
Y empezó la catástrofe.

Se tropezó con mi voz
Que sólo escondía tu nombre.
Se tropezó con mi cuerpo
Que no hacía más que llamarte.
Se tropezó con la muerte
Que rondaba mis ojos
Después de este tratar de olvidarte.

Formé con tus recuerdos
Un otoño de silencios
Un sonido lejano de hojas
Que me invade
Desde hace siglos
Voces y voces de milenios
Enterradas en la tumba de mi boca.

Sonaron murmullos que me sabían a gritos
Algo así como un llanto ahogado.
Nada más. La noche entera y nada más.
El frío se apoderaba de mi sangre
Y un glaciar de nombres viejos
Destrozaban mi carne.
Inundaba mis labios
De mar y de llanto
De sal y sangre.

Las estrellas abrían la noche
Y un concierto de dolor
Era todo lo que había.
Ninguna esperanza
Busqué debajo de la tierra
Y sólo había huesos.
Escombros.
Nombres enterrados.
Murmullos olvidados.
Secretos de historias raídas.
Sonidos de muchos ayeres.
Mas no te encontré.

El titilar de un columpio
Se oía a lo lejos.
Algo parecido a un cristal destruido
Caía a mis manos.

Otoño e invierno
Pasaron arrasando contigo
Conmigo
Conmigo.

Llévame.
No puedo seguir.
Sin embargo, no había nadie.
Soledad.

Quiero un café y tu boca.

Titubea la lluvia
En esta deriva.
Caen rosas marchitas
Caen siempre en el mismo lugar
Como despidiéndose.
Como si el adiós definitivo hubiese llegado.

Embarcación.
Cansancio
Silencio y llanto.

Así estoy
Así me siento
Mitad mar
Mitad sequía

Envuelta en este viento
En este aleteo de pájaros
Que me aturde.

Mitad agua.
Mitad desierto.

Se borran las posibilidades de inundación.
Posible embarcación
Aullando en las velas del vacío
Resquicio de nada
Deseos de tus labios

¿Cuántas grietas has dejado aquí adentro?
¿Cuántos violines rozan mi sangre?

Agujereados mis huesos
Y la música se filtra por ellos
Cae la noche
Sangra el desierto
Las gotas del atardecer extrañan tus besos
Mis manos vacías están.
Ni poesía.
Ni silencio.

Una angustia caminando en mis sentidos
Apunto de alejarme de la sequía
Para ahogarme en lo poco que queda
En esta mitad insalvable sin tu nombre.

Las estrellas enmudecen.
Los tiempos gritan.
Ya no soy.
Ya no quedo.

Abanicos.
Un ruido de muertos que desconozco.
Manos y huesos.
Estremecida.
Camino buscando el amanecer.
Quiero un poco de azul
De verde y de estrellas.
Quiero tu abrazo
Para volver a empezar
O morirme en tus brazos.
En una embarcación que no conozca tu nombre
En un lenguaje donde no existas
En una memoria ya sin ti.

Eso también es morir.


Fran Joan Violet

Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet