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sábado, 9 de octubre de 2010

Hoy lloro con todos los idiomas del mundo en mi piel, hoy lloro con el silencio de las estrellas clavado en los ojos, con el grito del mar en la vida. Hoy lloro viendo desprenderse de mi alma, las esperanzas. Hoy lloro sin entender nada. Hoy lloro porque el amor no alcanza para curarte...
Mi antártida necesita de ti, y sólo llega un silencio constante de barco viejo...
Hoy, hoy sólo se llorar.
No me abraces, mi piel está cansada, sólo voy a llorar más.

viernes, 8 de octubre de 2010


Siento que algo me falta,
como si un pedazo de mí se hubiese desvanecido.

Las hojas de mi árbol, se han ido.
El otoño es tan permanente
cuando alguien te falta
pareciera de pronto que eres tú la que te falta,
porque la desnudes se vuelve un detalle de la lejanía.

Qué viaje más letal a la herida, fue verte.
Gritar enmudecida de dudas: tu nombre adherido a mis labios
como el último de tus besos...
Salir corriendo detrás de tus ojos, sólo para volver a verlos
eso quise... Correr a tu cuerpo
al encuentro mudo de la música
y ahí estuve, clavada a mi asiento
sin moverme
sin atreverme...

Sentí que estaba en la arena
y que el último barco, se marchaba
con lo que más amaba...
tan lejos y tan de prisa...

¡No te vuelvas a ir!
Lo siento, verdad que aún no has vuelto
verdad que no has de volver...

Comenzó a llover
con tus ojos enredados en mis nubes.

domingo, 3 de octubre de 2010

Te regalo...

Te regalo las sonrisas que jamás sonreiré
Te regalo los abrazos de todos los tiempos
para cuando no quede nadie más que te abrece...
Te regalo la luz de la luna, para cuando llores
sepas una vez más, que luna sólo hay una.
Te regalo las noches, donde los tiempos se desvanecen
QUERIENDO una caricia.
Te regalo el silencio
 para que abreces su música muy dentro de tus sentidos...
Te regalo mis ojos, sólo una vez más...
Te regalo un recuerdo en mi almohada...
Una despedida jamás pronunciada.
Te regalo el último beso, que jamás besarás.
Te regalo los días y las mariposas que tanto te gustan
para que nunca dejes de soñar...
Y te regalo lo que jamás volveré a ser prendida de una cintura
besando recuerdos bajo la lluvia de la luna...

("Siento que puedo saborear tus versos,
ya casi logro escucharte recitar" Me dices)

¿Y cómo llega mi voz en tanta lejanía?
¿Será que me quedé a dormir dentro de ti, para que me escucharás?
¿Será que hay distancias que no distancian?
¿Será que la noche es la cuna de las despedidas?
¿Será que extrañaré tu nombre de por vida?

¿Será que aún?..
No...

Por donde tus ojos habitaron... A mi abuelo.

Ya va más de un año de tu ausencia, pero te había dejado de ver hace tanto que hasta parte de mis ojos te habían olvidado antes de aquella tarde donde cerraste los ojos sin despedidas...
Sin embargo, recuerdo tu sonrisa postrado en una cama cuando volvimos a vernos, después de que disputas de adultos nos habían alejado. Mis ojos te buscaban tímida, y cuando me tomaste las manos, sentí la misma sensación que cuando corría a sentarme entre tus piernas, para ser feliz, hace ya tanto.
 No recorría los mismos pasajes que tus ojos habitaron, desde que era una niña... Me entregué al silencio y corrí libre entre el bosque de eucaliptos que dejaste, me deje abrazar por los álamos que tanto me gustan y supe con alegría que podré ir a escribir bajo un árbol viejo, recuerdos para ti y para mí.
 Mientras miraba maravillada un paisaje pintado para soñadores, los pájaros tenían un concierto que me arrullaba el alma, y yo pensaba, ¿cuántas veces, abuelo, habrías pasado por ahí? Teniendo muy presente que mis palabras se ahogan, sin llegar a tu mar, y que los números no importan, me bastaba saber que habías estado ahí, y que gracias a eso, yo hoy podía sentir, un silencio que cantaba y bailaba en los brazos de una brisa de lluvia, mientras las horas parpadiaban y las hojas rumoreaban tantas cosas...
Me hubiese encantado poder regalonear una vez más.... Tomar tus manos y soñar...
Me pierdo en el silencio, mientras me atrevo a confesar que te extraño, y que me encantaría verte una vez más... Sé que no puedo y no quiero jugar a la ilusa, pero iré a buscarte entre el campo que dejaste, a ver si entre silencios, hacemos de los recuerdos, un poco de música.

Para: Francisco Javier Riveros Hernández, mi querido abuelo.

Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet