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domingo, 3 de octubre de 2010

Por donde tus ojos habitaron... A mi abuelo.

Ya va más de un año de tu ausencia, pero te había dejado de ver hace tanto que hasta parte de mis ojos te habían olvidado antes de aquella tarde donde cerraste los ojos sin despedidas...
Sin embargo, recuerdo tu sonrisa postrado en una cama cuando volvimos a vernos, después de que disputas de adultos nos habían alejado. Mis ojos te buscaban tímida, y cuando me tomaste las manos, sentí la misma sensación que cuando corría a sentarme entre tus piernas, para ser feliz, hace ya tanto.
 No recorría los mismos pasajes que tus ojos habitaron, desde que era una niña... Me entregué al silencio y corrí libre entre el bosque de eucaliptos que dejaste, me deje abrazar por los álamos que tanto me gustan y supe con alegría que podré ir a escribir bajo un árbol viejo, recuerdos para ti y para mí.
 Mientras miraba maravillada un paisaje pintado para soñadores, los pájaros tenían un concierto que me arrullaba el alma, y yo pensaba, ¿cuántas veces, abuelo, habrías pasado por ahí? Teniendo muy presente que mis palabras se ahogan, sin llegar a tu mar, y que los números no importan, me bastaba saber que habías estado ahí, y que gracias a eso, yo hoy podía sentir, un silencio que cantaba y bailaba en los brazos de una brisa de lluvia, mientras las horas parpadiaban y las hojas rumoreaban tantas cosas...
Me hubiese encantado poder regalonear una vez más.... Tomar tus manos y soñar...
Me pierdo en el silencio, mientras me atrevo a confesar que te extraño, y que me encantaría verte una vez más... Sé que no puedo y no quiero jugar a la ilusa, pero iré a buscarte entre el campo que dejaste, a ver si entre silencios, hacemos de los recuerdos, un poco de música.

Para: Francisco Javier Riveros Hernández, mi querido abuelo.

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet