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jueves, 13 de mayo de 2010

Desilusión y despedida...

Desilusión…
No tengo otra palabra para ti, no busco una explicación, no la necesito, la necesitas tú…
Explícate a ti, el por qué de tanta mentira… de tanta muerte desteñida de engaños, de accidentes, enfermedades, de te quiero, de te necesito… de pintarme un sueño, en brazos que nunca fueron…
No te diste cuenta que no sé querer de otra forma, que quiero, o simplemente no lo hago, que no juego, que no engaño, que soy la que viste y te reíste, a mí no me robaste ninguna sonrisa, y hoy, hoy tampoco quiero llorar. Es mi adiós definitivo, acabo de leer la carta de Juan Pablo, la carta de un muerto que quise, te das cuenta?
Y miro de apoco y con tristeza tu foto, y leo nuestras conversaciones que me parecían bellísimas, no te das cuenta que no sé querer de otra forma? Por qué soñarte otros ojos, por qué inventarte otro nombre, otra y otras historias? Crees que la vida es eso? Mentir? Fingir? Puedes amar con el nombre que tengas, pero engañar, bajo ningún perfil.
Me duelen las palabras de aquella carta, dime, dime tú, con el nombre que sea, en qué corazón estoy yo?
Qué despedida te borrará de mí? Cuántas veces tienes que morir?
No molestes en darme excusas, no quiero más mentiras, y esta vez no hay vuelta atrás, cuídate, y no mientas más… No seas la nube que alberga lluvia… no seas culpable de tormentas… Se quien suaviza el sol… y hace brillar la noche…

Para quien dijo llamarse, Matías González… puedes tomar todas tus mentiras, y largarte muy lejos de mí.

lunes, 10 de mayo de 2010

Para que la noche aúlle… y los tiempos tiemblen…
Para que el recuerdo termine por matarme, de una vez por todas.
Para que sangre el último latido de mis penas
Para que llore la luna de día y me abrece de noche.
Para que la soledad se corte las alas, y termine con su murmullo de silencio constante…

Las horas rasguñaron mis sentidos
Y el vestido gris, tiene un desvelo tatuado
Un largo y único desvelo
El último…

Para que la sombra de sus ojos, llore
Y los lamentos renuncien a su tempestad
Para que la tormenta acabe en hecatombe
Para renunciar al cuerpo en el que morí
Para vivir de nuevo…
Sin una parte de mí…

Los agujeros de mi ropa
Los silencios que no soñaron abrir la puerta de su morada
Y encontrarme tendida
Renunciando a lo poco que queda
Del silencio moribundo de mis venas
Donde he muerto asustada
Ya queda sólo el aire
De esto que han decidido llamarle vida…

Se me fuga la niebla
Se me enredan los días
Sólo tengo lágrimas, y tampoco lloro…

Para que el recuerdo me asfixie no falta nada
Sólo reconocer que son sus manos
Las que me duelen en la garganta,
Y no, no otra cosa…

Ya no tengo miedo de sus pasos
Ya fui un camino arrollado
Ya no sé qué es lo que me da miedo…
Ya no sé qué es el miedo,
Y sin embargo
Tengo tanto miedo…

Mis huesos son recuerdos muertos de ayer
Un montón de gritos que siguieron caminando
A pesar de estar trisados
Convertidos en cenizas de hace ya medio siglo…

La soledad de mi boca
La estrella que duerme sin dormir jamás
El saltar al precipicio
Y la lluvia caerá junto al cuerpo desnudo de lo que fui
Y yo terminaré siendo lluvia
Ahogada en el mar…

Y contaré las rosas
Por última vez
Olvide de nuevo, que todas murieron
también…

Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet