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lunes, 30 de agosto de 2010

Nevando... en sus ojos... Nevando... en mis ojos...

Alguien entona una canción gris… Cuando los ojos de luna, ya no alcanzan.
Una canción de huesos…
En una precesión de silencios en tumbas frías.
Sin tiempo, sucumben los relojes rojos.
La vida quiere llorar, sabías?

Todas las criaturas aúllan en los ojos de luna
Cuando éstos ya no alcanzan.
Sostener el aire, sin pulmones.
Sostener la vida, sin emociones.
Es un barco sin mar
En la deriva del recuerdo, ahogado.

¿Cómo explicarte que esa huella de sangre me recorre los pies inmóviles
cuando camino bajo mi noche, y el viento enfría hasta los deseos?
¿Cómo explicarte que en ese viaje interminable de media noche nunca amanece?
¿Cómo explicarte que el barco naufrago en mis ojos
sin siquiera alcanzar a nombrarte?

Un ruido desgarrante asesina la noche
Y la sangre embriaga los rincones olvidados del olvido.
Y caen muertos los ojos, ya sin alas.

Tormentas…
Grietas…
Vidas…

Consonantes ahogadas
En ruidos azules… dentro del grito del abecedario.
Los gritos se revientan como gotas en la carretera vacía.
Y los vehículos ausentes, gimen debajo de sol, que no alumbra.

Noche y día, en silencios destructivos bajo la cortina de humo del desamparo…
Cómo decir que tengo incrustado en las costillas, un recuerdo muerto?
Cómo decir que tengo este no tenerte adherido a los labios del puerto?

Todas las señales desaparecidas, la niebla gritando.
Mi columna vertebral, se desprende de mí,
Para caer en los ojos de él, por última vez

Llorando
Gritando
Aullando

Nevando en mi vida
Las noches enmudecen mientras caigo
Cuán vacío es el abismo?
Una a una mis costillas se quiebran.
Y me desvanezco.

Nevando en el mar.
Nevando.
Llevándose los resto de luz,
Que jamás nos alumbraron.
Nevando... en sus ojos
Nevando... en mis ojos.

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet