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lunes, 13 de diciembre de 2010

“Una cortina del tiempo, corrida, como si el espacio de luz permitiera sanar todos estos años.”


Se adormecen las últimas palabras que alcance a oír.
Después de eso, todo es tinieblas.
El frío sigue siendo el mismo
Aunque yo ya no sea la misma.

Aunque las témperas se derramaran
Aunque la ropa desgarrada, callara
El más triste secreto, borrado de mi boca.
En realidad ya no lo creo triste
Son otros los adjetivos
Que oculta la noche
Mientras una loba
Entierra los cuchillos al silencio
Y la noche sangra…

Se esparce un café por el sitio de la herida
Las cicatrices rumorean un grito que no será pronunciado.
No saldrá de sus labios, su infierno callado.

El viento traspasa los años
con la misma fuerza con la que el mar se enfurece.
Las olas son testigo diario
Del dolor de los ojos
Y de los años.

Mirarte, es lo último que quisiera…
Llorarte de nuevo, no podría
No esta noche.
Y sin embargo, cada palabra no dicha
Cada palabra hoy escrita
Es mi forma de llorarte.

Anhelaría olvidarte
Anhelaría.

Me encantaría poder prometerle a ella
que este será el último año donde me siento así
tan dolida, tan traicionada, tan consciente de saberlo cierto.
Eso es lo más que más me entristece
La conciencia de no tener dudas
De lo real que fue.

Pero… no tengo promesas
sólo quiero que sepa
que aunque sea de a poco
tomaré las témperas esparcidas del cuadro de la vida
y pintaré sonrisas verdaderas
bajo los ojos
sobre el silencio
y en el fondo de la vida.
Y más temprano que tarde
Podré decirle: estoy feliz…
Sin mentiras maquilladas
Detrás de los ojos.

Quizás ahí sí pueda llorar
Pero ya no de humillada.

Hoy los recuerdos
aletean un nombre a la lejanía.
Perdieron el mapa de los sueños
gritaron,
pero no hubo oídos.
Ninguna respuesta, ninguna.
Los años pasan, el recuerdo consume.
Los pájaros buscan su nido,
pero en la habitación no hay ninguna voz.

Ella enmudeció de miedo,
él se llevó las vocales de todos sus gritos.

Pero ella, la que sostuvo la herida altiva
La que acarició mi silencio hoy
La que despierta ávida de poesía
Le regala colores y razones
A la vida, a mi vida.


   



2 comentarios:

  1. Simplemente precioso Fran, dolor se percibe en el poema pero es precioso, las palabras que vamos derramando son formas de llorar.

    Un beso muy grande

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  2. Muchísimas gracias, Anita! Un beso y un abrazo. Gracias por secar esas lágrimas.

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet