Camino descalza y desnuda, entre el jardín de rosas ensangrentadas que ves, muriendo un poco menos, viviendo un poco más... Dejando lágrimas, en busca de esperanzas... Tiñendo desvelos que buscan caricias para el alma, entre olor a café, hojas de otoño, lluvia nostálgica, y desgarros del silencio, que me hacen delirar en poesía!!!
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jueves, 10 de febrero de 2011
Tormenta.
Hay una ausencia de ti en mi piel, tan concurrida. Tan besada por soles, que hoy anochecen.
Hay una sobredosis de ti en los recuerdos, tanto que la memoria reclama tu silencio y tu música, para desvestirse de ti y desnudarme.
Dejamos de vernos tan sólo unos instantes, instantes que son la similitud de la eternidad; y parece que la distancia ha conseguido alejarte tanto, que no logro verte en ningún lugar, sin embargo, te veo en todos, en cada uno de los espacios de mí y los ajenos. Eres el espejismo más constante que tengo. El único.
Habítame para poder existir. De lo contrario, sólo hay desierto, un gran y desolador desierto. Desierto de ti en los ojos, en la piel, en el alma, en los huesos, en la música, en la vida, en mi vida.
La tormenta eléctrica ha empezado y tus brazos no están para resguardarme. Así todo es más frío, más doloroso y más estrepitoso. Caen los rayos y los relámpagos son la única luz de esta noche.
Hay algo en la lluvia que me fascina, un idioma indescriptible que me seduce, es como si fuera parte de mí o más bien, yo parte de ella. Pero esta noche sin tus ojos, se humedece mi alma, antes que mi cuerpo.
Quisiera estuvieses aquí, incluso caminaría sin sentir miedo, ni nostalgia, ni reclamos, ni vacío. Si tú estás aquí, todo puede derrumbarse y yo seguiré de pie. Pero si no estás, el mundo puede estrenar todas sus alegrías, y nada importa.
De fondo siento los truenos y la melodía de la lluvia, que parece taladrar tu ausencia a mis huesos. Pegar tus besos a un kilómetro de mí e invitarme a buscarlos, tropezaría con años de tu tristeza y no importaría con tal de verte. Nada me importaría, con tal de existir en ti. Con tal de que tú estés esta noche para mí.
Hay una ausencia de ti en mi piel, tan concurrida. Tan besada por soles, que hoy anochecen.
Hay una sobredosis de ti en los recuerdos, tanto que la memoria reclama tu silencio y tu música, para desvestirse de ti y desnudarme.
Dejamos de vernos tan sólo unos instantes, instantes que son la similitud de la eternidad; y parece que la distancia ha conseguido alejarte tanto, que no logro verte en ningún lugar, sin embargo, te veo en todos, en cada uno de los espacios de mí y los ajenos. Eres el espejismo más constante que tengo. El único.
Habítame para poder existir. De lo contrario, sólo hay desierto, un gran y desolador desierto. Desierto de ti en los ojos, en la piel, en el alma, en los huesos, en la música, en la vida, en mi vida.
La tormenta eléctrica ha empezado y tus brazos no están para resguardarme. Así todo es más frío, más doloroso y más estrepitoso. Caen los rayos y los relámpagos son la única luz de esta noche.
Hay algo en la lluvia que me fascina, un idioma indescriptible que me seduce, es como si fuera parte de mí o más bien, yo parte de ella. Pero esta noche sin tus ojos, se humedece mi alma, antes que mi cuerpo.
Quisiera estuvieses aquí, incluso caminaría sin sentir miedo, ni nostalgia, ni reclamos, ni vacío. Si tú estás aquí, todo puede derrumbarse y yo seguiré de pie. Pero si no estás, el mundo puede estrenar todas sus alegrías, y nada importa.
De fondo siento los truenos y la melodía de la lluvia, que parece taladrar tu ausencia a mis huesos. Pegar tus besos a un kilómetro de mí e invitarme a buscarlos, tropezaría con años de tu tristeza y no importaría con tal de verte. Nada me importaría, con tal de existir en ti. Con tal de que tú estés esta noche para mí.
domingo, 6 de febrero de 2011
Realmente desconozco el lenguaje de los muertos...
Soy una grieta envuelta en silencios
Donde rumorea un idioma de despojados, un idioma indescriptible
De arrullos, de miradas, de terciopelo
De estrellas lejanas
De horizontes
De momentos
De gritos
De respuestas que no llegan
De noches
De ti.
No sé cómo nombrarte.
Cómo traerte de vuelta al abrazo de niña.
Cómo mostrarte a la mujer.
Alguien me ha dicho que tengo tu sonrisa.
Hay tantas cosas que olvidé.
Tantas otras que jamás supe dejar de recordar.
Una cinta vieja da vueltas
Y tus ojos siempre dan la impresión de seguirme.
Aunque duela tanto la certeza de que ya no me miras.
Si pudiese elegir
Te volvería a abrazar
Buscaría en ti, la caricia de los días felices
De los días de paz cerquita de tu vida.
Tu muerte me quitó todo.
Me arrebató de los brazos
Sin siquiera preguntar
La compañía que coloreaba de soles mis ojos.
Te fuiste y en tu lugar
quedó un vacío
donde aún sangran las gotas de tu nombre.
Tus manos que me guiaban
Se llevaron el mapa
Y me quedé tan pérdida, como absorta.
No quiero hablar de lo que siguió después.
Quizás jamás lo sepas
Ya no estabas para abrazarme.
Quizás ya lo sepas.
Y el mundo estrenaría un sol para mis ojos
Al sentirte cerca
Acunando el dolor, en tu hermoso ser.
Sin embargo, no puedo.
No estás y esa es la verdad que más me duele.
Después de ti
Sólo una ráfaga de crueldad
Me cruzó los ojos
Y la vida.
Busqué tus ojos
Tu sonrisa
Tu abrazo
Pero ya era demasiado tarde.
Suena a reproche
Y quizás mucho tiempo lo ha sido…
Pero, te amo
Y jamás te olvido.
Sin embargo, reitero
realmente desconozco el lenguaje de los muertos...
A los ojos que extraño cerquita de mí, los de María, mi abuelita.
Soy una grieta envuelta en silencios
Donde rumorea un idioma de despojados, un idioma indescriptible
De arrullos, de miradas, de terciopelo
De estrellas lejanas
De horizontes
De momentos
De gritos
De respuestas que no llegan
De noches
De ti.
No sé cómo nombrarte.
Cómo traerte de vuelta al abrazo de niña.
Cómo mostrarte a la mujer.
Alguien me ha dicho que tengo tu sonrisa.
Hay tantas cosas que olvidé.
Tantas otras que jamás supe dejar de recordar.
Una cinta vieja da vueltas
Y tus ojos siempre dan la impresión de seguirme.
Aunque duela tanto la certeza de que ya no me miras.
Si pudiese elegir
Te volvería a abrazar
Buscaría en ti, la caricia de los días felices
De los días de paz cerquita de tu vida.
Tu muerte me quitó todo.
Me arrebató de los brazos
Sin siquiera preguntar
La compañía que coloreaba de soles mis ojos.
Te fuiste y en tu lugar
quedó un vacío
donde aún sangran las gotas de tu nombre.
Tus manos que me guiaban
Se llevaron el mapa
Y me quedé tan pérdida, como absorta.
No quiero hablar de lo que siguió después.
Quizás jamás lo sepas
Ya no estabas para abrazarme.
Quizás ya lo sepas.
Y el mundo estrenaría un sol para mis ojos
Al sentirte cerca
Acunando el dolor, en tu hermoso ser.
Sin embargo, no puedo.
No estás y esa es la verdad que más me duele.
Después de ti
Sólo una ráfaga de crueldad
Me cruzó los ojos
Y la vida.
Busqué tus ojos
Tu sonrisa
Tu abrazo
Pero ya era demasiado tarde.
Suena a reproche
Y quizás mucho tiempo lo ha sido…
Pero, te amo
Y jamás te olvido.
Sin embargo, reitero
realmente desconozco el lenguaje de los muertos...
A los ojos que extraño cerquita de mí, los de María, mi abuelita.
sábado, 29 de enero de 2011
Sumergida
Sumergida.
Caminante de sueños aniquilados detrás de tu nombre.
Sólo un espejo y un recuerdo.
Reflejos azules de esta noche blanca.
y el soplo vertiginoso del miedo.
Aquí adentro.
Arañando mis huesos.
Escribiendo el recorrido marchito de olvido.
Caen cenizas y pétalos.
El mar sabe a muerte.
Las rosas son la música capaz de matarme
Y salvarme.
De la misma forma que muero enredada en su perfume
Y renazco ardiendo sin saber el por qué.
El por qué de esta costumbre de respirar que tengo.
Me saben a grietas los silencios.
Me saben a un hueco imborrable y oscuro.
Ensangrentado como los nombres que caen de mi boca.
Sumergida.
Me adentro en las aguas que dejo el recuerdo.
Vivir de un recuerdo que te asesina.
Es la sentencia de haber guardado silencio.
A veces gritaría.
A veces enmudezco.
A veces.
Sumergida en mis noches.
Abandóname.
Es la única forma de vivir.
Es la única forma de morir.
Fran Joan Violet
Caminante de sueños aniquilados detrás de tu nombre.
Sólo un espejo y un recuerdo.
Reflejos azules de esta noche blanca.
y el soplo vertiginoso del miedo.
Aquí adentro.
Arañando mis huesos.
Escribiendo el recorrido marchito de olvido.
Caen cenizas y pétalos.
El mar sabe a muerte.
Las rosas son la música capaz de matarme
Y salvarme.
De la misma forma que muero enredada en su perfume
Y renazco ardiendo sin saber el por qué.
El por qué de esta costumbre de respirar que tengo.
Me saben a grietas los silencios.
Me saben a un hueco imborrable y oscuro.
Ensangrentado como los nombres que caen de mi boca.
Sumergida.
Me adentro en las aguas que dejo el recuerdo.
Vivir de un recuerdo que te asesina.
Es la sentencia de haber guardado silencio.
A veces gritaría.
A veces enmudezco.
A veces.
Sumergida en mis noches.
Abandóname.
Es la única forma de vivir.
Es la única forma de morir.
Fran Joan Violet
domingo, 16 de enero de 2011
Quisiera romper todo, cortar todo, perderle el rumbo a todo, acabar con todo. Malditos sentimientos. Quisiera que el peso se fuera, que mi ilusión se marchara, que el golpe de las desilusiones se esfumara.
Vacía, pero vacía entera. No vacía adolorida, ni triste, ni cansada, ni abrumada, ni ausente, ni abismal, no melancólica, ni nostálgica, sólo vacía, completamente vacía. Pero por sobretodo sin memoria, ya no quiero acordarme.
Escombros de ti en los recuerdos que duelen, el resto soy yo. Esta imagen que no quiero. Se quebró el único espejo y ya no quisiera esforzarme -ni ilusionarme- por repararlo. Destruído. Asumir las cosas cómo son y como duelen, no como las quisiera...
Aquí no hay luz, ni una gota de esperanza siquiera. Extraño el brillo de mis ojos cuando te veían, extraño tantas cosas, pero lo que más extraño es un abrazo. Un abrazo podría salvarme aunque no hubiese ni luna, ni estrella, ni sol, ni fuego.
Estoy embriagada y ausente. Sostengo el café que me hace funcionar el alma. Aunque me reservo la duda de su existencia, siento como los clavos de la herida aún me hacen gritar. Los gritos que de nada sirvieron y se ahogaron. El alma entera envuelta en un río, en una lluvia, en un mar. El agua turbia, los secretos líquidos, pero tan sólidos, hicieron llorar a cada uno de mis desvelos. Gritar a cada uno de mis huesos.
Quisiera vivir con alguna esperanza y alguien se equivocó al señalar que el desierto de atacama es el más árido del mundo. No buscaron en la desesperanza de mi alma, en la agonía irrecuperable de tanta melancolía.
Vacía, pero vacía entera. No vacía adolorida, ni triste, ni cansada, ni abrumada, ni ausente, ni abismal, no melancólica, ni nostálgica, sólo vacía, completamente vacía. Pero por sobretodo sin memoria, ya no quiero acordarme.
Escombros de ti en los recuerdos que duelen, el resto soy yo. Esta imagen que no quiero. Se quebró el único espejo y ya no quisiera esforzarme -ni ilusionarme- por repararlo. Destruído. Asumir las cosas cómo son y como duelen, no como las quisiera...
Estoy embriagada y ausente. Sostengo el café que me hace funcionar el alma. Aunque me reservo la duda de su existencia, siento como los clavos de la herida aún me hacen gritar. Los gritos que de nada sirvieron y se ahogaron. El alma entera envuelta en un río, en una lluvia, en un mar. El agua turbia, los secretos líquidos, pero tan sólidos, hicieron llorar a cada uno de mis desvelos. Gritar a cada uno de mis huesos.
Quisiera vivir con alguna esperanza y alguien se equivocó al señalar que el desierto de atacama es el más árido del mundo. No buscaron en la desesperanza de mi alma, en la agonía irrecuperable de tanta melancolía.
domingo, 9 de enero de 2011
Descienden los minutos
el reloj se estrella junto a los ojos anidados.
Letras de canciones
de sueños enredados
de estrellas fugaces y un único deseo...
La nieve, la lluvia, la soledad, los árboles, el silencio, mi música, tus ojos y nada.
La luna sostiene el deseo cuando la lluvia de estrellas, desgarra mi nombre.
Cae la tinta, besando el cuerpo.
Mi piel es la hoja en blanco
que espera los versos de tu poema.
Mi cuerpo es el templo del silencio
que añora tu música.
Mi alma es el acantilado
que abraza tu nombre y tus besos.
Hoy llevo una precesión de silencios
taladrada en los huesos
Llevo un rumor de sangre
un grito de amor y pechos heridos.
Saltaron los tripulantes del barco
la niebla cerró los ojos
la brújula no supo más de su norte
y me lancé al vacío.
No puedo renunciar a las rosas
El mar se repleta de pétalos
pétalos y versos
Oleadas de rosas y poemas
mientras tú tomas mis manos
olvido el naufragio
entre tus brazos...
el reloj se estrella junto a los ojos anidados.
Letras de canciones
de sueños enredados
de estrellas fugaces y un único deseo...
La nieve, la lluvia, la soledad, los árboles, el silencio, mi música, tus ojos y nada.
La luna sostiene el deseo cuando la lluvia de estrellas, desgarra mi nombre.
Cae la tinta, besando el cuerpo.
Mi piel es la hoja en blanco
que espera los versos de tu poema.
Mi cuerpo es el templo del silencio
que añora tu música.
Mi alma es el acantilado
que abraza tu nombre y tus besos.
Hoy llevo una precesión de silencios
taladrada en los huesos
Llevo un rumor de sangre
un grito de amor y pechos heridos.
Saltaron los tripulantes del barco
la niebla cerró los ojos
la brújula no supo más de su norte
y me lancé al vacío.
No puedo renunciar a las rosas
El mar se repleta de pétalos
pétalos y versos
Oleadas de rosas y poemas
mientras tú tomas mis manos
olvido el naufragio
entre tus brazos...
domingo, 2 de enero de 2011
Es momento de perder los sentidos
de llorar lo que recuerda el tacto
de añorar lo que vio el viento
y sintieron las estrellas.
Intento que no se me escape el recuerdo
y la noche entierra sus garras para que la loba aúlle.
Los olores saben a sangre.
Los colores tienen la textura de la nostalgia.
Caen miles de rosas sobre el mismo lugar
Aunque en distinta zona horaria.
Dime… ¿me oyes?
¿Sientes el murmullo de llantos detrás de tu nombre?
Abrumada de nostalgias
De impotencia
Quisiera salvar del dolor de tu ausencia
Y más dueles.
No existe la forma de saber si te volveré a ver
Si te volveré a oír
No existen certezas más que dolores después de la muerte.
Lloró la noche
Gritaron a coro todas las estrellas
El dolor clisó el silencio
Y los cristales del monumento de la vida
Se fueron quebrando
De a poco
En una procesión de rezos que son súplicas
Que es un antídoto y una esperanza
En la que no creo.
Sentir una a una cada lágrima
Cada palabra que tiembla de dolor en su boca.
Su boca.
¿Cuánto dolor se clavó en su pecho?..
¿Cuánto?
El infinito existe cuando se quieren medir
Los sentimientos…
Muerte.
Tantas formas de anhelarte
Y sólo queda eso
La muerte
detrás de ella: el desconsuelo.
Los recuerdos
El llanto
El abrazo
Las ganas de retenerte
De inventarte
De tenerte.
Pronuncio tu nombre
Y miro tu foto
Aletean las velas
El fuego que quiere resucitarte
Todos queremos.
¿A quién le pregunto el por qué?
¿A quién le pido explicaciones?
¿A quién le pido que vuelvas?
¿A quién le reprocho el llevarte?
¿Alguien te llevó?
¿Estás en algún lugar que no sean recuerdos?
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Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.
Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.
Un abrazo,
Fran Joan Violet
Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.
Un abrazo,
Fran Joan Violet

