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viernes, 2 de noviembre de 2012

"13

Explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome"

(Alejandra Pizarnik, 14)

http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/pilar-garcia-puerta/PizarnikAlejandra-Arboldediana1962.pdf

 
Una excusa para volver habitarte.

Tengo un cielo distinto.
Siguen sangrando las rosas y el espejo sigue reiterando el mismo y angustioso grito cargado de memoria.
Eso tienen mis ojos, la historia maldita delineada entre sus venas de tinta roja.
Pero algo ha cambiado, la vida tiene ese cambio constante.
Desde el fondo de este insomnio, te busco.
Desde el fondo de estos ojos, grito tu nombre.
Y es que los días de luz que están repletos de tu ausencia,
Me hacen sentir otoño.
Y dejo caer mis hojas sin sentido
En un enredo de vientos huracana...
dos
Que me dejan desnuda,
Aunque, sin tus manos, solo me abraza el frío.
Y dejo que el silencio se circunscriba en mi boca.
Aunque quisiera aullar-te tu nombre como loba.

La luz que proviene de ti, me endulza.
La que proviene de las estrellas, me hechiza.
Pero si la luz viene del sol y no estás aquí para abrazarme,
Me vuelvo nostalgia.
Y camino en soledad
Con los cristales incrustados en mis descalzos pies.
Los caminos no me llevan a algún sitio.

Habito el instante donde soy soledad y fuego.
Habito el instante que no dejaría de amarte.
Habito el instante donde temo cerrar los ojos
Aunque sé que es el único sitio donde podré encontrarte.

Fran Joan Violette

jueves, 12 de enero de 2012

Caminaba por el pasillo del hogar, desnudándose.

De lo primero que se desprendió fue de los mitos con los que había crecido, deshechó creencias superfluas, sangró cuando para crecer reconoció que la habitaban esperanzas sin sentido, cuando evidenció que la vida misma carece de sentido a priori.

Luego, dejo los equipajes de ropas viejas, gastadas, heridas, dañadas, saco sólo lo que creyó necesario para su vida, se quedó con los aprendizajes, con el recuerdo de un oleaje salvaje en las noches, de un frío clandestino que hiere los huesos y los tiempos.

Después, se detuvo, titubeó unos instantes, pensó que estaba arriesgándose como nunca, sintió miedo, pero recordó que es ella la encargada de darle el sentido a los días, respiro mirando la noche, absotbiendo las energías milenarias del polvo de estrellas y continuo su caminata.

Lo último que dejo caer fueron sus miedos, sonaron cual tormenta eléctrica tropezándose en el piso de madera, un estallido estelar de gritos de hace tiempo. Tardó años en lograrlo, en sacerse del alma los cristales de tantas heridas. Pero lo logró, cruzó por amor las tinieblas con las que creció.

Así, desnuda, transparente, musical, poética, con heridas y poesía talladas profundamente en la madera de su alma se lanzó sin equipaje al mar de los ojos de él, sin saber que iría a pasar...

Sus cuerpos se encontraron en un pasillo, en un vuelo, en una caminata, en una marcha, en un escenario, en el universo que hoy habitan enamorados, con olor a bosque en las entrañas, con la inmensidad del océano, con el infinito del universo, con la música de los tiempos y con la alegría de estar juntos.

Se amaron, se amaron como sólo dos almas que llevan siglos buscándose lo hacen, se amaron y comprendieron un anocher antes de que él le cerrara los ojos con besos, que amar es dotar de sentido la vida, es resignificarla.

No sólo se amaron ayer, sino que hoy también lo hacen. Descubren un sentido nuevo cuando se acarician el alma, cuando caminan por los tejados azulados del universo, cuando Max Richter suena como preludio de lo que será una serenata del más profundo amor.

Ella ya no camina sola por el pasillo. Él ya no camina solo por el pasillo, denudándose...

sábado, 22 de octubre de 2011

Para Cecilia

¿Qué le pasa a esos ojos ausentes?
¿Dónde tiembla la vida en esa hecatombe de miradas?
Su miedo se siente descalzo y profano
Su alegoría de vida sin colores se resbala como lluvia en las ventanas
La ráfaga de un ayer que enluta todo, la habita.
Todo su hogar, toda su alma gritando.
Esa consonante de llanto en la memoria.

Y puede que yo también le tema
Puede que yo también esté transversalmente habitada de nieblas
De gritos, de sangre, de llanto, de miedos.

Se forman estruendos aquí a dentro
Siento en mis brazos aún su cuerpo llorar
Y el insomnio de sus pasos me aprisiona en un grito que no la libera.

domingo, 9 de octubre de 2011

Descifrarme, descubrirme, sentir el pulso habitarme.
La noche es frágil. Las cenizas y todo el tiempo.
Amar me salva.
Colibrí, selva, mar, pradera y campo.
Montaña, sueño y realidad.
Te amo.
Desnuda de temores, te amo.

domingo, 1 de mayo de 2011

Hay árboles dentro de mi corazón, que tienen la desolación y hermosura del otoño. Unas raíces azulosas y antiguas, quebrajadas e inmensas. Tienen un color como crujir de espanto ante la certeza de que hay personas que no volverán; y desgarrarse. Como ese último azul que estrena y pierde la noche a medida que no estás. Poseen una música de paseo por el mar, en un atardecer de gritos, violines y pájaros. Y una constelación de silencios, una milenaria.


Porque la noche nace en mis adioses y todo es mar y silencios; porque la herida tirita al resonar de tu nombre: en mi corazón también habita un mar, deseoso de ahogarme. Me enlutan las olas y paradójicamente me resucitan. A pesar de la certeza árida de que hay milenios y milenios de muertes y ningún resucitado.

Concurren esta noche el otoño de tu ausencia, el invierno de tu desesperanza, el reproche del silencio, la sangre que no cicatriza, para arrancarme los ojos y llevarlos al lugar donde te perdí. Necesito mirar de nuevo el cuadro, sin embargo, esta sensación de vacío y destrucción me tiene atrapada en una especie de limbo, donde ya no puedo mirarte, ni hacia atrás, ni hacia adelante.

Una estación de trenes y un puerto. Una sensación indómita de quitármelo todo, me invade. Siento que ya nada importa y como consecuencia de una noche de contracciones: me importas más que nunca, aunque eso realmente no cambie en nada las cosas. Ni las siluetas que se fueron. Ni las palabras que debieron asistir a ese lúgubre silencio. Después de aquél día, los pájaros emigraron a otro nido. Las olas sólo supieron de frío y perdieron, súbitamente, la esperanza de que alguna corriente trajera la sensación de milagro que tenían tus brazos.

Se derrumbaron uno a uno los pilares de una hermosa promesa, se destrozaron en el suelo de mi alma tus palabras. Quisiera encontrar la ecuación para borrar nuestros miedos. Sin embargo, aunque muchos los afirmen, yo lo niego: las matemáticas no son perfectas. No si no pueden traerte de vuelta a mis olas, antes de que empiece la tormenta que no sólo acabara con el recuerdo, sino también con la memoria.

Entre árboles, viento, mar y despedidas inconclusas, sé que debo irme para dejar de encontrarte. Sé que sólo quiero hallarte, sin embargo, sé que jamás he de buscarte. Reitero: en mi corazón habita un mar, deseoso de ahogarme.





Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet