Vistas de página en total

domingo, 11 de julio de 2010

Cuando sólo quede frío...

De pronto va soñando la vida, y llorando los huesos.
Trémula insinuación de la noche.
Ojos grises, de frío.
Ojos llorados, de olvido.
Tumbas y epitafios de sangre.
Por debajo de la noche, el frío.
Por debajo del frío, mi nombre.
Ocho veces morí, ocho.
En la carretera de mis ojos
Se atropellan las últimas consonantes
Donde murió la niña.
La ventana tiene la humedad de la vida
Y las gotas saladas del desengaño

Cuando sólo quede frío, sentiré
La nostalgia azulada besándome el alma.

Jugué en los colores del último arcoíris
Donde murió la muerte,
Donde sonrió la vida vestida de luto…
Con la sonrisa de los siglos aplastados
Contra la pared negra de la soledad
Que se hace blanca y mía.

Tómame entre tus brazos
Como cuando se abraza la lluvia
Así me sentirás…
Efímera y fría.

Los siglos yacen en la almohada
Y en una nube colocaré cristales
Lloverán gritando, los recuerdos
Que me besarán las boca, la última boca
Cuando sólo quede frío, pronunciaré tu nombre.

El Aplastamiento de las Gotas Julio Cortazar

sábado, 10 de julio de 2010

La noche de hoy, conmemora la última en que tu alma respiró.
Hay agonías que duelen,
siempre a alguien le duelen.
Te recuerdo, entre sábanas,
que parecían siglos sobre tu cuerpo.
Los ojos ya se habían marchado
La memoria y los recuerdos, estaban cansados
Las sonrisas parecían, no existir más.
Ni siquiera lágrimas, tenías.
Eso será entregarse?

¡Cómo llora la vida a veces!
No quería recordarte, no quería.
Cómo si el dolor pudiese evitarse.
Cómo si el alma, no tuviese lágrimas.
Dime… quién me pintará un carrusel de otra era?
Quién?
Quién, cuando no queda nadie.

Nostalgia.
El sol de ojos ausentes, en el corazón del muerto.
Claveles que lloran, en las manos de ella.
Un año, mañana será un año.
Las sombras, los recuerdos,
los recuerdos,
¡que sólo nos quede eso, recuerdos!
No es tu ausencia lo que me duele,
es su dolor el que me hace daño,
y con ello, tu ausencia.

Los barcos se parecerán a la muerte?
Al menos sí la distancia de los océanos,
Con la de las ausencias.
Al menos sí las olas furiosas
Con la rabia y la impotencia.
Al menos sí la sal
Con las lágrimas, con la soledad.

miércoles, 7 de julio de 2010

El pelo de ella tenía olor a lluvia, también su alma.
Sus ojos, y el aire lejano que los separa de los de él, jugaron a amarlo.
El borde de sus labios, creaba canciones entre los besos.
Y entre el vapor, es escribía aquella canción
Que murmuraba el amor.
En el espacio de sus senos y su ombligo, se escondía un grito
Que muerde los sentidos, y la agonía.
El delirio y la inconsciencia…
Las manos de él, jugaban con el alboroto de su pelo,
Sus ojos se perdían, en la lejanía de los de ella.
Él quería sentir el grito que moría, entre sus senos y su ombligo.
La miraba, cerraba los ojos y la quería suya.
La tocaba con deseo, la quería
La amaba…
Bajaba en el desliz de su pecho,
A ella se le arrancaba un suspiro.
A él más le gustaba.
La buscaba, ella huía jugando.
Él la estaba amando.

lunes, 5 de julio de 2010

No hay espacio, entre el temor de esta distancia que le duele a los huesos, que le quema a los ojos. Pareciera en el viento, no quedar nada, pareciera en mis ojos, no quedar nada, cuando el último barco naufrago... y las olas ahogaron tanto amor, que hoy es nostalgia...
De pronto ven, abrázame, me haces falta. De pronto no llega nadie, y la lejanía y sus ojos asesinos me duelen. Pasajero de la noche, sílbame una canción de hace siglos... Dame una esperanza que nazca todos los días, como el color del sol al medio día.
Respirar, hace falta respirar, o será lo único que el dolor aletargado de años, permite hacer?
Respirarse el color sepia que dibujan las fronteras mientras no te encuentro. Es consumir el polvo que dejo el adiós, en la carretera de unos ojos, que se han cansado de viajar y no encontrar.
Pañuelos... y recuerdos quebrajados como pétalos.

Yann Tiersen - L'absente

miércoles, 30 de junio de 2010

Dejar las maletas,
no hace falta equipaje.
Dejarlas, con los papeles rotos
cuál persona arrancada de por vida
de las entrañas, de una niña.
Cuál cuadro feliz, lleno de tinta.
Dejarlas, junto al cuerpo también vacío.
Y marcharse…
Quebrar la agonía de un beso…
De un recuerdo que se adueñó de los ojos
del desvelo, y de la vida.
Crees que se pueda estar más lejos,
cuándo se está tan lejos?
Crees que el abismo,
tenga olor a olvido?
A dónde vas? grita la sangre…
Se enreda todo en esta piel marchita
Agrietados los recuerdos en la piel, duelen.
Y llegan heridas las palabras a los huesos…
Y no hay respuesta.
No voy a ninguna parte, silba el tiempo.
No hay camino.
No hay cielo.
No hay esperanzas.
Me las había inventado todas…
Nunca estuvieron.
Sí, creo que alguna vez sí estuve.
Ya no… Ya no hay forma, que no sea gris
ya no hay sonido que no sea grito.
El viento entró a mis ojos náufragos
Y se detuvo el sol…
Y las olas me ahogaron, sin resistencia.
Tienen una tormenta aquí adentro,
cual sentencia…

Espió una fecha en el calendario de mi memoria
Los números se enredan con tanta sangre.
De nada sirve decir, que no quería
Que me duele la herida, hasta hoy en día.
De nada sirve llorar, ni siquiera sirve para aliviar…
y todo este marchito tiempo
es lo único que tengo, lágrimas
lágrimas cuándo sonrió
lágrimas cuando camino
lágrimas cuando no quiero llorar
lágrimas cuando lloro
lágrimas en silencio
lágrimas en ausencia
lágrimas en verano
lágrimas en gritos
lágrimas en invierno
lágrimas con sol
lágrimas con lluvia
lágrimas con tiempo
lágrimas sin tiempo
lágrimas en vocales
lágrimas en consonantes
lágrimas en versos
lágrimas, que no existen
más que aquí adentro…
Lágrimas que nadie va a llorar…

Marcharse,
Cuándo la tristeza es tanta
Cuándo la memoria no avanza
Cuándo el frío es eterno
Cuándo el asco consume
Cuándo ya nada importa
Ni siquiera vivir
Ni siquiera morir…

Silencio… La noche grita!

Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet