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sábado, 2 de abril de 2011

domingo, 20 de marzo de 2011

Se oscurece.
Se tiñe de ausencia el azul verdoso de las olas.
La sentencia de tu nombre habita mis entrañas.
Mientras otra ola va arropando el silencio de lágrimas.

Quererte.
Quererte incluso en esa lejanía de tus ojos, que calcina.

Hubo un recuerdo que llamaba a tu nombre.
Hubo cenizas que envolvieron el alma.
En un barco viejo donde se guardaba la última carta.
La esquelética promesa de la eternidad, antes del naufragio.

Hubo ojos que perdieron su refugio.
Hubo llantos certeros en el alma.
Dos gotas bebidas de rojo.
Y una llovizna vestida de aurora.
En los polos pendientes del amarse.

Hielos.
Quebradas.
Habitaciones inundadas de recuerdos.
Camas vacías.
Puertas gritando.
Tu nombre.
Mi nombre.
Y este vacío.

Este vacío que ha tatuado el quererte.
Este vacío de noches de ojos abiertos
Donde no está tu rostro para mirarte.

Mares enloquecidos.
Recuerdos esparcidos.
Estrellas fugaces y…
Vientos que lloran entre los mismos árboles
Que los vieron amarse.
Hoy en colores de otoño.

Ojalá el olvido bese los labios del alma.
Ojalá el quererte no me calcine.
Un último deseo:
Dejar de quererte.

Sonata para tus ojos, desde que no los tengo.
Adagio para tus labios, desde que me hacen falta.
Aria para tus manos, desde que se marcharon.
Concierto de violín y piano, desde que tu cuerpo y alma, me dejaron.

De fondo en el silencio desgarrado que grita

Un mar que esconde tu nombre
Mientras mis labios no hacen más que nombrarte…
Como si de esa forma pudiese olvidarte más pronto.
Como si de esa forma doliera un poquito menos.
Como si de esa forma dejara de estar herida.
Como si de esa forma, súbitamente, dejara de quererte.

Quererte es el eje de este sueño quebrajado.

De esta cercanía de luna.
De esta lluvia de mar.
De esta noche que oscurece mis sentidos.
De esta alma que naufraga.

Quererte es el eje de este concierto
Donde ha muerto la música
que escondían tus ojos para mí.

Y sin embargo, noche tras noche

Volver a quererte.
Esperando la estrella fugaz
Que me conceda el deseo de olvidarte.
De arrancarte de las raíces de lo que fui
Mientras existía-mos.

Cuando por quererte existía

Cuando existía para quererte.




martes, 1 de marzo de 2011

Me marché de algún lugar hace tiempo.

Ya no quedan ni las cenizas de aquellos momentos incendiados.
Ni siquiera las huellas de aquél camino.
Hoy tan recordado.

Hoy me desvanezco.
Hoy ya no soy.
Hoy ya no tengo fuerzas para ser.

Las horas vacilan en un ir y venir.
En un no encontrarte.

Un recuerdo concurrido por tu voz
Acaricia y desfigura las sonrisas
Las escasas sonrisas.

Los tiempos de lluvias floridas desaparecieron
Hoy duele.
Hoy todo duele.

Los vidrios esparcidos en los rincones del alma.
Los barcos hundidos.
Los remolinos donde dormía el viento.
Mis manos donde eran felices.

El mar que muere en mí
No es más que tu sola imagen a lo lejos.

Oleajes fallidos.
Vientos que me destrozan la cara.
Melodías que envuelven el alma
De llanto y de sangre.

Sangre.
Sangrar la noche entera.
Y sin embargo, aún respirar.

Hoy anochecen todos los océanos.
Sólo tú voz puede lograr que amanezca.
Mientras
El silencio consume.
Las llamas no son más que un espejismo.

martes, 22 de febrero de 2011

Eso también es morir.

No quedan palabras, dentro del abismo que dejaste.
Se quebraron una a una las consonante de este amarte.
Se estremecieron los cuatro vientos
Y empezó la catástrofe.

Se tropezó con mi voz
Que sólo escondía tu nombre.
Se tropezó con mi cuerpo
Que no hacía más que llamarte.
Se tropezó con la muerte
Que rondaba mis ojos
Después de este tratar de olvidarte.

Formé con tus recuerdos
Un otoño de silencios
Un sonido lejano de hojas
Que me invade
Desde hace siglos
Voces y voces de milenios
Enterradas en la tumba de mi boca.

Sonaron murmullos que me sabían a gritos
Algo así como un llanto ahogado.
Nada más. La noche entera y nada más.
El frío se apoderaba de mi sangre
Y un glaciar de nombres viejos
Destrozaban mi carne.
Inundaba mis labios
De mar y de llanto
De sal y sangre.

Las estrellas abrían la noche
Y un concierto de dolor
Era todo lo que había.
Ninguna esperanza
Busqué debajo de la tierra
Y sólo había huesos.
Escombros.
Nombres enterrados.
Murmullos olvidados.
Secretos de historias raídas.
Sonidos de muchos ayeres.
Mas no te encontré.

El titilar de un columpio
Se oía a lo lejos.
Algo parecido a un cristal destruido
Caía a mis manos.

Otoño e invierno
Pasaron arrasando contigo
Conmigo
Conmigo.

Llévame.
No puedo seguir.
Sin embargo, no había nadie.
Soledad.

Quiero un café y tu boca.

Titubea la lluvia
En esta deriva.
Caen rosas marchitas
Caen siempre en el mismo lugar
Como despidiéndose.
Como si el adiós definitivo hubiese llegado.

Embarcación.
Cansancio
Silencio y llanto.

Así estoy
Así me siento
Mitad mar
Mitad sequía

Envuelta en este viento
En este aleteo de pájaros
Que me aturde.

Mitad agua.
Mitad desierto.

Se borran las posibilidades de inundación.
Posible embarcación
Aullando en las velas del vacío
Resquicio de nada
Deseos de tus labios

¿Cuántas grietas has dejado aquí adentro?
¿Cuántos violines rozan mi sangre?

Agujereados mis huesos
Y la música se filtra por ellos
Cae la noche
Sangra el desierto
Las gotas del atardecer extrañan tus besos
Mis manos vacías están.
Ni poesía.
Ni silencio.

Una angustia caminando en mis sentidos
Apunto de alejarme de la sequía
Para ahogarme en lo poco que queda
En esta mitad insalvable sin tu nombre.

Las estrellas enmudecen.
Los tiempos gritan.
Ya no soy.
Ya no quedo.

Abanicos.
Un ruido de muertos que desconozco.
Manos y huesos.
Estremecida.
Camino buscando el amanecer.
Quiero un poco de azul
De verde y de estrellas.
Quiero tu abrazo
Para volver a empezar
O morirme en tus brazos.
En una embarcación que no conozca tu nombre
En un lenguaje donde no existas
En una memoria ya sin ti.

Eso también es morir.


Fran Joan Violet

jueves, 10 de febrero de 2011

letra en español Staind Tangled Up In You

Tormenta.


Hay una ausencia de ti en mi piel, tan concurrida. Tan besada por soles, que hoy anochecen.
Hay una sobredosis de ti en los recuerdos, tanto que la memoria reclama tu silencio y tu música, para desvestirse de ti y desnudarme.

Dejamos de vernos tan sólo unos instantes, instantes que son la similitud de la eternidad; y parece que la distancia ha conseguido alejarte tanto, que no logro verte en ningún lugar, sin embargo, te veo en todos, en cada uno de los espacios de mí y los ajenos. Eres el espejismo más constante que tengo. El único.

Habítame para poder existir. De lo contrario, sólo hay desierto, un gran y desolador desierto. Desierto de ti en los ojos, en la piel, en el alma, en los huesos, en la música, en la vida, en mi vida.

La tormenta eléctrica ha empezado y tus brazos no están para resguardarme. Así todo es más frío, más doloroso y más estrepitoso. Caen los rayos y los relámpagos son la única luz de esta noche.

Hay algo en la lluvia que me fascina, un idioma indescriptible que me seduce, es como si fuera parte de mí o más bien, yo parte de ella. Pero esta noche sin tus ojos, se humedece mi alma, antes que mi cuerpo.

Quisiera estuvieses aquí, incluso caminaría sin sentir miedo, ni nostalgia, ni reclamos, ni vacío. Si tú estás aquí, todo puede derrumbarse y yo seguiré de pie. Pero si no estás, el mundo puede estrenar todas sus alegrías, y nada importa.

De fondo siento los truenos y la melodía de la lluvia, que parece taladrar tu ausencia a mis huesos. Pegar tus besos a un kilómetro de mí e invitarme a buscarlos, tropezaría con años de tu tristeza y no importaría con tal de verte. Nada me importaría, con tal de existir en ti. Con tal de que tú estés esta noche para mí.

domingo, 6 de febrero de 2011

Realmente desconozco el lenguaje de los muertos...

Soy una grieta envuelta en silencios
Donde rumorea un idioma de despojados, un idioma indescriptible
De arrullos, de miradas, de terciopelo
De estrellas lejanas
De horizontes
De momentos
De gritos
De respuestas que no llegan
De noches
De ti.

No sé cómo nombrarte.
Cómo traerte de vuelta al abrazo de niña.
Cómo mostrarte a la mujer.

Alguien me ha dicho que tengo tu sonrisa.
Hay tantas cosas que olvidé.
Tantas otras que jamás supe dejar de recordar.

Una cinta vieja da vueltas
Y tus ojos siempre dan la impresión de seguirme.
Aunque duela tanto la certeza de que ya no me miras.

Si pudiese elegir
Te volvería a abrazar
Buscaría en ti, la caricia de los días felices
De los días de paz cerquita de tu vida.

Tu muerte me quitó todo.
Me arrebató de los brazos
Sin siquiera preguntar
La compañía que coloreaba de soles mis ojos.

Te fuiste y en tu lugar
quedó un vacío
donde aún sangran las gotas de tu nombre.

Tus manos que me guiaban
Se llevaron el mapa
Y me quedé tan pérdida, como absorta.

No quiero hablar de lo que siguió después.
Quizás jamás lo sepas
Ya no estabas para abrazarme.
Quizás ya lo sepas.
Y el mundo estrenaría un sol para mis ojos
Al sentirte cerca
Acunando el dolor, en tu hermoso ser.

Sin embargo, no puedo.
No estás y esa es la verdad que más me duele.
Después de ti
Sólo una ráfaga de crueldad
Me cruzó los ojos
Y la vida.

Busqué tus ojos
Tu sonrisa
Tu abrazo
Pero ya era demasiado tarde.
Suena a reproche
Y quizás mucho tiempo lo ha sido…

Pero, te amo
Y jamás te olvido.
Sin embargo, reitero
realmente desconozco el lenguaje de los muertos...

A los ojos que extraño cerquita de mí, los de María, mi abuelita.

Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet