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domingo, 25 de julio de 2010

Los cielos se tornan grises, la noche llora en su cuna desnuda y le faltan las caricias de los días de ayer.

Cuándo muere el ayer? Cuándo el calendario estrena un nuevo digito?

No lo creo. No sé cómo se cree.

Me faltan luces desde el fondo del mar. Me faltan olas en las estrellas.

Llorar, sanar.

Olvidé como se pronunciaban las esperanzas, como se pintaban en el pelo las sonrisas.

Olvidé como ponerme de pie, para disfrutar de la lluvia…

A pesar de quedarme caminando en la tormenta más fría que han visto y rumoreado mis huesos. Sombras y esqueletos desde el fondo de mi noche.

Lejos, dos delfines bajo la cortina de lluvia, bajo el recuerdo de unas lunas.

Las lunas besan, mi calma blanca. El cuerpo yace, en los rincones de ayer.

El otoño anda descalzo, como fantasma en los labios y la nostalgia de los ojos cuando anochece.

No hay dioses. El Olimpo que aguardaban algunos ojos, se ha cerrado en mi vida. Llevándose hasta el recuerdo de lo que fue creer.

Alcobas, pájaros volando dentro de la habitación.

Recuerdos rojos por su nombre, herido en mi boca.

Si pudiera cruzar la línea vertical delos tiempos, te abrazaría besando el horizonte cual amor de siglos.

Eso eres.

Eso fui.

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet