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domingo, 13 de junio de 2010

Un vestido de heridas adherido a la sangre, una lágrima blanca como las horas anteriores a la lluvia, una rosa roja en el cuello, un grito de poesía y de consonantes desnudas volando al unísono con las hojas del tiempo, que gritan...
Un abrigo largo de piel lastimada, negro, lleno de besos marchitos... lleno de estruendos.
Una carta arrugada, palabras desechas por la rabia y la pena, en sus manos... Lanzadas y confundidas en la tormenta de viento gris, que la recorre...
Unos ojos pérdidos, así, así le decían... Así los tenía, así los tiene... En sus manos quedaron grabadas las cenizas de las últimas palabras que le alcanzó a decir...
"Pequeña, cuéntame la leyenda detrás de tu sonrisa..."
Y luego se fue para siempre, pero aún sigue reboloteando en todos sus sentidos...
Qué leyenda? se preguntaba, qué sonrisa?
Ya no tiene sonrisa, quizá sólo sea una sombra vacía, que fue una leyenda, el vacío se adormedece en su sangre... y cruza la pasarela, casi sin tocarla, el desfile de bocinas, ya no la molesta, está tan lejos, tan lejos, qué ya nada puede alcanzarla, ni siquiera la vida, ni siquiera la vida...
y un árbol de otoño la cruza en el vacío, en aquél eterno vacío, dónde ella camina, vacía, ya sin sonrisa, ya sin la voz de aquellas palabras qué tanto le gustaban...
Sus ojos se perdieron, pero trás el murmullo de hojas, qué sepultaron su nombre...

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet