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martes, 8 de junio de 2010

Van las sombras de sus ojos
Sintiendo el olvido.
Las lágrimas del viento
Humedecen el rincón último,
de la boina de un recuerdo.

Se desvanece el hálito de un hombre viejo,
Y una tormenta de sombras negras
Se lleva las consonantes
De un sonido inventado,
Por el dialecto de los olvidados.

Cuándo murieron tantos colores?
Cuándo afloraron tanto temores?
Se diluyen los temblores
En las corrientes de sangre
Del océano de mi cuerpo.
Tanta ola, tanta piedra
Y de pronto tanta espuma…

Lloran las cicatrices de la rosa del ayer,
En el vértice de un abrigo teñido de manos.
La eternidad grabada de unos ojos viejos.
Juega a ser polvo de mil estrellas.
Y parece que la sal besara el cuerpo
Que conduce a los escalones del abismo…
La noche tiene rastro de su sangre,
Y las gotas de vida marchita, caen
Mientras los recuerdos golpean el suelo
Como cristales y ladrillos…

Notas musicales del silencio de su agonía,
Donde se despiden las esperanzas,
Los botones que abrigaban sólo ataduras
Se diluyeron, se marcharon
Cual hojas de otoño
Dejando el árbol despoblado de voces.
Y una niña adentro que todavía no moría
Se dejo morir,
Violada de nuevo por un recuerdo…
Un recuerdo de los olvidados.

Los huesos se arrastran
Por los resquemores
Y en el pasillo del miedo
Dos ojos viejos, se vuelven al suelo,
Y creen ver morir la lluvia
La lluvia de consonantes
de la voz de la nostalgia.

Dos maletas
Una para el cuerpo
Otra para el miedo.
Y ella seguirá
su viaje al olvido, olvidado
de tanto sangrar en el mar...

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet