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domingo, 5 de diciembre de 2010

Cerraron sus ojos,
como queriendo evitar todas las lágrimas que vendrían.


Desde ese día...
el viento se entrelaza en sus heridas
y los días tienen la misma tinta
de las témperas gritando al borde de la vida.

Y ya no queda nada
ni las témperas
ni el viento
ni los ojos cerrados...

Se desmorona el candado de sus sueños dañados...
Ella recorre los mismo viejos lugares
y el olor del veneno le duele a sus huesos.
 
Sangra la sangre lastimada
lloran las lágrimas que vendrían
procesión de silencios
de un aferrarse a idea de que todo fue mentira.
 
Los días se visten del mismo olor
y no logro encontrar el por qué.
Quisiera que los ojos jamás se hubiesen abierto
o que jamás los hubiesen cerrado...
 
 
 

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet