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domingo, 16 de mayo de 2010

-Puedes cerrar la puerta.
-Nunca estuvo abierta
-Entonces de dónde viene tanto frío, tanta niebla?

El viento que me volcó el corazón, dejo un glacial aquí dentro que muere, sin morir jamás… Los latidos tienen las lágrimas de un violín, y la sangre se mueve como las olas del silencio mismo, silencio que me cubre el alma, y me destroza en medio de la noche…
Iba el mismo silencio, sintiéndose morir, descalzo de plomo. Y los gritos que cubrían las nubes, hacían llover en medio de la ciudad, mientras la tristeza vagaba por ahí, con un abrigo rojo,
A veces siente tantas manos, y cuando quiere tomar una es incapaz… y sigue cayendo, beso a beso en el compas de la desolación.
Cuánto miedo, que no se marcha. Cuánto olvido que no perdona…
Un reloj sin voz, ella aún vive allá, ella que soy yo, sigue tendida en aquella habitación, paralizada por el horror, le duele hasta el olor, que volaba en el aire, y se quedaba atrapado en sus huesos.
La lluvia y su soneto de muerte, su oda a la desesperanza que me abriga de nostalgia, es el telón de fondo, que no sana.
Había tanto vacío, hay tanto vacío, tanto frío en el alma… Tanto vacío en los ojos y en el fondo de la piel también…
Ya no soy, nunca seré.

2 comentarios:

  1. Precioso, ese frío del Alma que no se calma con nada


    Un beso grandote

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  2. Anita, muchas gracias!
    Me alegra tenerte en otro medio tb...
    muchos abrazos!

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Bienvenido (a)

Como los primeros rayos del sol, al amanecer, medio tímidos tocando el cielo entre sus brazos... Así puede que me sienta, dispuesta a abrazarte con lo que más amo hacer, escribir.

Muchas gracias por estar aquí, entre mis sueños y desvelos.

Un abrazo,


Fran Joan Violet